Cosas que dejé en España. Último tema de Columnistas 5.0

            Inmigración es la entrada a un país o región de personas que nacieron o proceden de otro lugar […]. Las dos opciones de los movimientos migratorios son emigración e inmigración […]. De manera que una emigración lleva como contrapartida posterior una inmigración en el país o lugar de llegada. Así pues, resulta válido estudiar las migraciones desde el punto de vista del país de ACOGIDA (o mejor dicho, de entrada, ya que no siempre los inmigrantes reciben una buena ACOGIDA en el país de entrada […] (Definición extraída de Wikipedia).

            Dice un proverbio de los indios sioux: Antes de juzgar a una persona, camina durante tres lunas con sus mocasines. Resulta complicado ponerse en la piel del otro, ver el mundo con los ojos del otro, y entender las razones que mueven a las personas a tomar determinadas decisiones. Es difícil, y más con los tiempos que corren, en los que todos andamos un tanto crispados por la avalancha de pesimismo y desesperanza que invade el país, calzarse los mocasines de otro y olvidarse por un momento de los problemas de uno. Pues bien: yo, hoy, he decidido dejar de preocuparme por si el año que viene trabajaré, por si algún día podré comprar una casa y pagarla, por si Rato ha puesto pies en polvorosa con una indemnización millonaria y por si la economía en Murcia ha recibido la nota de bono basura, para centrarme en un asunto, que, literalmente, me puso la piel de gallina.

            En un pueblo murciano de cuyo nombre no quiero acordarme, anda circulando un documento de recogida de firmas para expulsar del mismo a un determinado sector de la población inmigrante. Al parecer, dicho documento es totalmente aséptico y no incurre en detalles xenófobos o racistas: pretende ser un mero vehículo burocrático para llegar a  las altas estancias administrativas locales como expresión del descontento del pueblo por la presencia del citado colectivo. No entraré a valorar el hecho de si deben quedarse, irse o aprender a hacer zarangollo murciano; tampoco la posible utilidad o validez del escrito ni los motivos de su aparición, pero sí cuestionaré la medida empleada, puesto que me hizo reflexionar acerca de si el documento, por sí mismo, no era ya un elemento racista y xenófobo, independientemente del número de rúbricas que apareciera en él. Confieso que vinieron a mi mente imágenes de éxodos y pijamas de rayas, y me pregunté al instante si no cabía la posibilidad de que la población expresara su preocupación por medio de otras propuestas.

            Corren malos tiempos para todos, y la comunidad inmigrante no es ajena a ello. La tasa de paro en España ronda el 25%; las posibilidades de encontrar un trabajo se han visto reducidas considerablemente. Atrás quedaron los años en que el país ofrecía un amplio abanico de oportunidades laborales, ya fuera en el campo, en la construcción o en las Fuerzas Armadas, donde el número de soldados inmigrantes supera el de nacionales. Está claro que el panorama de diversidad cultural, social, lingüística, etc., en España está cambiando: los gobiernos de algunos países europeos facilitan la salida del colectivo inmigrante a sus países de origen, y en comunidades como Madrid ya se empieza a notar el problema generado por la retirada de la tarjeta sanitaria a aquellos inmigrantes que estén en situación ilegal. Hay quien opina que esto solo es la punta del iceberg y que se avecinan nuevas leyes que dificultarán su permanencia en nuestro país. En realidad, es la pescadilla que se muerde la cola: si no hay trabajo, no hay contrato; si no hay contrato, no hay posibilidad de convertirse en ciudadano legal, lo que arruina completamente cualquier opción de integrarse en el sistema y de conseguir todo aquello que soñaban  conseguir cuando un día decidieron emprender su viaje.

            Quizá España ya no sea la tierra de oportunidades que fuera no hace tanto tiempo para los inmigrantes; alguno de vosotros pensará incluso que no lo es ni siquiera para sí mismo. Muchos de ellos habrán vuelto a sus países; muchos de vosotros puede ser que tengáis que emigrar para forjaros un futuro, pongamos por caso, a Laponia. La situación en sí ya es sumamente complicada, con o sin documento de firmas.

Fecha de entrega: 1 de junio

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Categorías: Columnistas 5.0, Reflexiones

Autor:Ana Belén Abril Corbalán

Profesora de 1ºAC, 3ºA, 2ºF y 2ºG. Tutora de 1ºAC

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