Quijote. Comentario de texto. Capítulo XIV

Fragmento propuesto para su comentario:

Yo nací libre, y para poder vivir libre escogí la soledad de los campos. Los árboles destas montañas son mi compañía, las claras aguas destos arroyos mis espejos; con los árboles y con las aguas comunico mis pensamientos y hermosura. Fuego soy apartado y espada puesta lejos. A los que he enamorado con la vista he desengañado con las palabras. Y si los deseos se sustentan con esperanzas, no habiendo yo dado alguna a Grisóstomo ni a otro alguno, el fin de ninguno dellos bien se puede decir que antes le mató su porfía que mi crueldad. Y si se me hace cargo que eran honestos sus pensamientos, y que por esto estaba obligada a corresponder a ellos, digo que, cuando en ese mismo lugar donde ahora se cava su sepultura me descubrió la bondad de su intención, le dije yo que la mía era vivir en perpetua soledad, y de que sola la tierra gozase el fruto de mi recogimiento y los despojos de mi hermosura; y si él, con todo este desengaño, quiso porfiar contra la esperanza y navegar contra el viento, ¿qué mucho que se anegase en la mitad del golfo de su desatino? Si yo le entretuviera, fuera falsa; si le contentara, hiciera contra mi mejor intención y prosupuesto. Porfió desengañado, desesperó sin ser aborrecido: ¡mirad ahora si será razón que de su pena se me dé a mí la culpa! Quéjese el engañado, desespérese aquel a quien le faltaron las prometidas esperanzas, confíese el que yo llamare, ufánese el que yo admitiere; pero no me llame cruel ni homicida aquel a quien yo no prometo, engaño, llamo ni admito.

COMENTARIO DE TEXTO DE MARIQUETA MORENO SÁNCHEZ. 1º AH

Miguel de Cervantes Saavedra, autor de la obra, nació en Alcalá de Henares en Octubre de 1547. Durante su infancia acudió a los cursos del gramático y humanista Juan López de Hoyos. Fue partícipe de la batalla de Lepanto, en la que quedó herido de pecho e inútil de mano izquierda. En 1575 fue apresado por una flota turca que lo mantuvo en cautiverio durante cinco años. Poco después, ingresó en prisión acusado de hacer una transacción ilegal de trigo y por la quiebra del banco donde había depositado el dinero recaudado de unos impuestos.

Tras salir de la cárcel continuó la redacción del Quijote, obra comenzada durante su estancia como reo entre rejas. Así la obra fue publicada en Madrid en 1605 con el nombre de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha. Su éxito fue inmediato y la obra fue traducida a varias lenguas. Tras una vida repleta de sinsabores artísticos, Cervantes alcanzará con esta obra el reconocimiento literario de los lectores.

Algunas de sus obras más importantes fueron Novelas Ejemplares (1613), Viaje del Parnaso (1614), Segunda parte del ingenioso caballero don Quijote de la Mancha (1615), Los trabajos de Persiles y Sigismunda (1616), La Galatea (1585), El cerco de Numancia (único teatro largo que se conserva, 1615) y Ocho comedias y entremeses (1615) donde podemos encontrar obras como El trato Argel (1615).

En el prólogo de su obra más relevante vamos a percibir el eco de las palabras de un Cervantes que nos advierten, sucintamente, lo que nos vamos a encontrar en las páginas de su libro. Sin embargo, la que caracteriza al prólogo de la obra no es el personaje en sí de don Quijote sino la imagen que Cervantes muestra de su persona. Él mismo afirma que ha dormido en el silencio del olvido. Sus obras empiezan a reconocerse cuando ya lleva años a cuestas y cuando ya no busca a autores que le digan lo que él se sabe decir sin ellos. La ausencia de vanidad nos hace ver a una persona sensata, sabia, que sabe lo que escribe y que encuentra orden en el desorden de su historia. En aquello que iba a ser una invectiva contra los libros de caballerías nos mostrará, sin gran artificio, qué es respirar y qué es vivir.

Tras esta breve introducción a la vida y a la obra que vamos a pasar a comentar, nos centraremos en uno de sus capítulos más conocidos, el capítulo número catorce. Estilísticamente el fragmento tratado forma parte de lo que se conoce como monólogo y posee todas las características del mismo. También apreciamos rasgos estilísticos propios del discurso. Está escrito en prosa y podemos contemplar un epíteto “aguas claras”, una metáfora de la personalidad apasionada de Marcela, “que la hermosura en la mujer honesta es como el fuego apartado, o como la espada aguda, que ni él quema, ni ella corta (…)” o diversas interrogaciones y exclamaciones retóricas.

Vamos a pasar a resumir la acción y el contenido del capítulo. Don Quijote y Sancho Panza se encuentran descansando con unos cabreros con los que han coincidido en el camino. Distintas conversaciones se entablan pero, en una de ellas, un cabrero cuenta una noticia de último suceso, la muerte de Grisóstomo. Este es un humilde pastor de los campos de la zona que se suicida a causa de un mal de amores. La responsable de este mal es la bellísima Marcela, otra pastora que vive también en los campos de la zona. Este personaje es tomado en un primer momento por todos como la típica mujer hermosa y desdeñosa que juega con la vida de los hombres simplemente utilizando el don de su belleza.

Así llegamos al fragmento en el que don Quijote y los cabreros se encuentran con Marcela en el entierro del pobre Grisóstomo. Estos le achacan la osadía que esta estaba teniendo al presentarse en el entierro de su propia víctima. Ante esta situación, Marcela comienza una apología de su persona en la que realza fundamentalmente la libertad, no solo de elección sino también de una vida.

Tan lícito y esplendoroso será este discurso que dejará a todos los presentes con la boca abierta. Además conseguirá el amparo y la protección del señor don Quijote que quedará prendado del discurso de la muchacha.

Sin embargo don Quijote no solo quedará prendado del discurso de esta por el contenido del mismo, sino por el hecho de que sea una mujer quien lo dé. Don Quijote es un personaje totalmente arcaico. Para él los caballeros andantes son figuras perfectas en todos los campos, al igual que lo afirmaba Baltasar de Castiglione en El Cortesano. No solo deben ser buenos con las armas sino que también los debe haber buenos predicadores.

Por otra parte, respecto a las mujeres tiene una idea totalmente diferente. Para don Quijote una mujer es una Laura o una Beatriz. Seres bellos y maravillosos que siguen a rajatabla una serie de ideales de belleza. Así es también su Dulcinea imaginada y descrita por él mismo en el capítulo XIII:

Su nombre es Dulcinea; su patria, el Toboso, un lugar de la Mancha; su calidad, por lo menos, ha de ser de princesa pues es reina y señora mía; su hermosura sobrehumana, pues en ella se vienen a hacer verdaderos todos los imposibles y quiméricos atributos de belleza que los poetas dan a sus damas: que sus cabellos son oro, su frente campo elíseos, sus cejas arcos del cielo, sus ojos soles, sus mejillas rosas, sus labios corales, perlas sus dientes, alabastro su cuello, mármol su pecho, marfil sus manos, su blancura nieve, y a las partes que a la vista humana encubrió la honestidad son tales, según yo pienso y entiendo, que solo la discreta consideración puede encarecerlas, y no compararlas.

A pesar de que considere a la mujer perfecta físicamente, no lo hace intelectualmente. Las mujeres eran tomadas como seres totalmente irracionales. Es por esta razón por la que le causa tanta impresión el discurso de Marcela. La donna angelicata, de repente, se despierta, da un golpe en la mesa y alza la voz rompiendo con cualquier estructura petrarquista. Lo cierto es que, a la muchacha, no le faltó razón en ninguna de sus palabras por lo que nuestro protagonista la apoyó de principio a fin. Es este uno de los hechos en los cuales podemos ver los matices de cordura de don Quijote que se realzan para defender la justicia y la verdad. Nuestro personaje se esconde bajo una hipotética armadura de caballero andante, sí, pero a pesar de ello mantiene los pies en la tierra y aboga por un tratado filosófico y moral digno de admirar. Es tan cuerdo como cualquiera de los lectores. La diferencia entre nosotros y el personaje radica en que don Quijote elige la vida que quiere vivir abstrayendo pero aceptando la época en la que es nacido. Nosotros, junto con el resto de personajes que le rodean, no solo lo tachamos como un loco, sino que nos resignamos a vivir por inercia en una época que no nos complace. He aquí nuestra locura frente a la cordura de nuestro personaje.

Si nos centramos exclusivamente en el discurso de Marcela podemos extraer de sí varios hechos importantes. Independientemente de que la autoría del discurso sea femenina, dos ideas universales aparecen. Primeramente, el deseo de libertad, y segundo, el marco en el que se encaja esta libertad.

La muchacha habla de la libertad como si fuese su ideal, como si lo llevase escrito en la frente. El libre albedrío y la libertad propia del romanticismo centrada en el ego mismo y en el principal valor del ser humano. La insatisfacción de una realidad a la que perteneces y la rebeldía que se manifiesta marchándote, al igual que José de Espronceda lo hacía con  su velero. Él y su canción del Pirata simbolizan a la perfección las letras de la palabra libertad. Quizá, la libertad de la que habla José de Espronceda también alberga a una libertad política, pero la libertad espiritual es sustancial en su obra.

Sin embargo Espronceda y Cervantes no serán los únicos autores que aboguen, a través de ellos mismos o sus personajes, por el valor de la libertad. Fernando de Rojas creó en La Celestina  un personaje secundario que también puso en su boca la libertad de forma similar a la que lo hace Marcela. Este personaje, recordemos, es Areúsa, que suelta el siguiente discurso en el acto nueve:

Así goce de mí, que es verdad, que éstas, que sirven a señoras, ni gozan deleite ni conocen los dulces premios del amor. Nunca tratan con parientes, con iguales a quien puedan hablar de tú por tú […] Por esto me vivo sobre mí, desde que me sé conocer. Que jamás me precié de llamarme de otrie, sino mía.

Como podemos ver, las palabras de la sincera Areúsa hacen de contrapunto con el discurso que defiende Marcela. Areúsa critica la poca libertad de aquellas sirvientas que viven a merced de sus amas, reprimidas y obligadas a actuar a favor de lo que digan sus superiores. A pesar de esto, el tipo de libertad  que destaca Areúsa en su discurso es la libertad amorosa, el libre albedrío relacionado con el trato de los parientes y con el gozo de los deleites pasionales. Por el contrario, Marcela, sacará a la luz un tipo de libertad vinculada a la soledad amorosa, al libre albedrío entre las montañas, los árboles y las aguas.

No es extraño que ambos personajes discrepen. Sus personalidades revelan sus actos y los fines de estos. Areúsa pertenece a una  baja clase social de un burgo y, como solía ocurrir, estas clases desfavorecidas terminaban entregándose a trabajos como la prostitución. Así la máxima aspiración que podía presentar Areúsa era entregarse a lo que predominada a su alrededor, hombres. Por otro lado, Marcela, pobre pastora nacida en el campo, a lo máximo que podía aspirar era a entregarse como mujer y como persona al espacio natural que le rodeaba, el campo.

De esta forma podemos encontrar distintos tipos de libertades interconectadas entre sí, así como lugares que sirven de marco para estas. Para José de Espronceda fue el mar. Para el paródico personaje de Areúsa, los hombres, el burgo, y para el personaje de Miguel de Cervantes será el campo, la naturaleza, un “locus amoenus” (lugar ameno) matizado en un “beatus ille.” Ambos tópicos creados por Horacio, poeta latino, han sido utilizados por distintos autores de la literatura. Uno de ellos será Fray Luis de León en su “Oda a la vida retirada”:

¡Qué descansada la vida
 la del que huye el mundanal ruïdo
y sigue la escondida
 senda por donde han ido
los pocos sabios que en el mundo han sido!

Al igual que estos últimos versos de Fray Luis de León, Marcela decide dejar todas las pasiones mundanales a un lado y disponerse a vivir tal y como ella se siente realizada: despertando a la luz del alba en algún lugar de la Mancha y durmiendo tras el ocaso de un sol que alumbre su camino cada día y cada noche.

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Categorías: 1º Bachillerato Los Cantos, Reflexiones, Trabajos Los Cantos

Autor:Estudiantes

Estudiantes de Bullas y San Javier

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