La Columna de Fígaro: La condena, de Franz Kafka

Franz Kafka nació en Praga en 1883 en el seno de una familia de comerciantes judíos. Se doctoró en derecho y siguió un curso de filología germánica. Sin embargo, la carrera vocacional fue la literatura. En 1907 escribe los primeros relatos publicados,  como Preparativos de bodas en el campo. En 1911 escribe El mundo urbano, que será el núcleo de uno de sus primeros grandes relatos: La condena, escrita en la noche del 22 de septiembre de 1912 y publicada en 1916, que supuso su primer éxito personal ante las cuartillas en blanco. Kafka también se relaciona con la vanguardia del momento y con el teatro yiddish. De entre sus obras hemos de destacar La metamorfosis, El proceso, El Castillo y América. Kafka trabajó en una compañía de seguros hasta que, en 1920, tuvo que internarse en un sanatorio debido a la tuberculosis que padecía. Murió en 1924.

Franz Kafka

En La condena, Kafka nos cuenta la historia de Georg, un comerciante joven que lleva largo tiempo escribiendo cartas a su amigo de la infancia. En numerosas ocasiones Georg ha pensado en decirle a su amigo la gran felicidad en la que está sumergido por su futuro matrimonio con Frieda Brandlenfeld. Decidido finalmente a comunicarle la noticia, le escribe una carta. Una vez escrita, Georg le comenta a su padre, un hombre apocado y triste, lo que ha decidido hacer. El padre creyendo al principio que ese amigo no existía, acaba diciéndole a Georg que éste podría haber sido su hijo preferido; que Georg había traicionado a su amigo pero que él no, porque le había estado escribiendo acerca de todo lo ocurrido. Finalmente, el padre sentencia a su hijo a morir ahogado. Georg, sintiéndose culpable, sale de la casa aún sintiendo el golpe que produjo su padre al caer en la cama. Mientras se tiraba desde el puente decía: “queridos padres, pese a todo, nunca os he dejado de amar”.

A pesar de la brevedad del relato, Kafka ha reflejado de manera espléndida temas que giran en torno al sentido de la vida del hombre: el sentimiento de culpabilidad aparece al final del relato en el protagonista, que le invade y le lleva al suicidio. También aparece la idea de la angustia y el pesimismo: todo puede cambiar en un instante, el equilibrio en que vive el ser humano se rompe. Kafka me ha dejado buen sabor de boca por segunda vez, pues ya lo hizo con La metamorfosis. Es brutal que el padre sentencie a su hijo y que este cumpla la condena sin pensarlo dos veces. Kafka deja lo más interesante para el final. Al principio todo parece normal, y ya a la mitad del relato, el lector se empieza a imaginar lo que le va a pasar al protagonista. Kafka lanza la bomba en el momento justo. Y es que a pesar de los reproches y la imposición de la sentencia, Georg dice que sigue queriendo a sus padres antes de suicidarse. Increíble, sin duda.

Rocío Valera Sánchez. 2ºAH

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Categorías: La columna de Fígaro, Lecturas Los Cantos, Reflexiones

Autor:Estudiantes

Estudiantes de Bullas y San Javier

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  1. Un suculento bistec metafísico « Clara Serer Martínez - 4 mayo, 2012

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