La Columna de Fígaro: Bodas de sangre, de Federico García Lorca

Federico García Lorca, poeta y dramaturgo andaluz perteneciente a la conocida como “Generación del 27”, escribió Bodas de sangre, siendo ésta publicada por primera vez en 1936, tras haber sido estrenada en el Teatro Infanta Beatriz de Madrid el día 8 de Marzo de 1933 con la que tuvo un éxito arrollador que lo consagró como autor de obras dramáticas.

Federico García Lorca

Bodas de sangre trata entre otros, los temas del amor, la pasión, la vida y la honra… y la sangre que aparece casi como un tema más, siendo un símbolo que representa tanto el fatídico desenlace que ya desde el título se pronostica, como la vida en el sentido más visceral, más pasional y más trágico de la palabra. Nos cuenta la historia de unos novios  que planean su boda, algo que parece un tema sencillo y que no da más de sí, si no fuera porque a esto se le une  una serie de circunstancias que truncarán los planes de los prometidos. Todo esto,  por supuesto, enfocado desde la lírica de Lorca. Por tanto la obra supone en gran medida una ventana abierta a una realidad que hoy día no nos sorprende, pero que aproximadamente a mediados del siglo XX, supuso un gran motivo de controversia. El amor entre los protagonistas no deja de ser un amor cimentado sobre arena que no tardará en sucumbir ante las desavenencias propias de la vida y de los sentimientos más concupiscibles de las personas, que aquí, tratados desde la poética exquisita de Lorca, suponen una delicia perfectamente digerible para todas las bocas lectoras que hacen nueva la historia cada vez que tienen el libro entre sus manos. Y es que el tema no deja de ser novedoso, y la que conforma junto con Yerma  y La casa de Bernarda Alba  la llamada “trilogía rural”, no deja de ser un espejo en el que se miran, se han mirado, y se mirarán generaciones enteras que comulgan con los mismos sentimientos de contradicción que la protagonista, que serían capaces de arriesgarlo todo por ese instante de plenitud con la persona amada. Todo esto hace de esta obra en sí, desligada incluso de las manos que la engendraron, una obra inmortal para las letras universales en general y para las hispánicas en particular. No hay manera de recomendar a Federico García Lorca, porque el granadino ya es en sí  y por sí una carta de recomendación de una calidad inenarrable aquí en tan pocas palabras,  y a día de hoy reconocida por todos. Por tanto, Bodas de sangre no deja nunca de recordarnos que sentir el deseo de sucumbir ante lo sencillo y a la vez costoso, dudar entre lo correcto e incorrecto, y hacer frente a las consecuencias, una vez tomadas las decisiones, no es algo que nosotros inventemos hoy día, es una realidad anterior incluso que a las letras de esta obra, una realidad por otro lado que no dejó, ha dejado, ni dejará nunca de hacer daño, de herir hasta hacer sangre…

José Ramón Sánche-Pujante y Fernández. 2º AH

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Categorías: La columna de Fígaro, Lecturas Los Cantos, Reflexiones

Autor:Estudiantes

Estudiantes de Bullas y San Javier

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