La Columna de Fígaro: El perfume, de Patrick Süskind

Ver o mirar, tocar o sentir, comer o saborear, oír o escuchar, respirar u oler. Aparentemente similares pero radicalmente diferentes. Los sentidos nos dotan de unos u otros haciendo que seamos  aptos o nulos ante una serie de percepciones.

A partir de esta idea Patrick Süskind desarrollará a su personaje, Jean-Baptiste Grenouille, el cual será dotado de un magnífico sentido del olfato.

Continuamente estamos expuestos a cantidad de fragancias y hedores que distinguimos y conocemos  ya que los relacionamos con aquella materia o sustancia que los despide. Nos causa impresión el olor que impregna el ambiente en un campo de rosas. Somos capaces de distinguir el aroma que produce una comida al ser cocinada. El olor de abonos y demás pestilencias tampoco es inminente a nuestro olfato. Ni que decir tiene que en gran cantidad de ocasiones nos hemos enamorado del olor que dispersa una persona en su movimiento. Movidos por el impulso, la hemos seguido a fin de que dicho olor pondere en nuestras fosas nasales durante gran cantidad de tiempo. Tras conseguir nuestro propósito y quedar impregnados del afrodisíaco aroma, de repente se va, se marcha, se olvida y queda grabado en nuestro cerebro como uno más de los efluvios que albergan en este mundo terrenal.

Estoy segura de que Süskind, alemán de los años cincuenta,  ha experimentado esta sensación. Impotencia y vacío es lo que nos queda al ver marchar con el viento ese tan preciado perfume o, simplemente, a que viva en el aire que respiramos y no seamos capaces de percibirlo. Ante esta inquietud, Süskind nos muestra una alternativa. Crea, exclusivamente para nosotros, un personaje dotado de reconocer y sintetizar cualquier perfume. Sus aires frívolos dan al personaje un semblante oscuro. Grenouille será capaz de describir con máximo detalle cada uno de los aromas y hedores por los que pasa su nariz.  Crea inquietud cuando describe olores imperceptibles a cualquiera de nosotros y se sumerge en su propia guerra de encontrar su propio olor. Este hecho da lugar a interrogantes ya que, ¿cualquiera de nosotros puede conocer su olor natural e identificar su propio perfume? Una reflexión sobre la cuestión citada sería afirmar que el ser humano  presenta olor porque está en el mundo. Es este y su conjunto de aromas y hedores el que nos hace partícipes de un olor. Olemos porque vamos y venimos y es el conjunto de esencias de aquellos lugares por donde pasamos lo que hace nuestro propio perfume corporal.

El olor que emanaban aquellas niñas vírgenes debía de ser sublime para que Grenouille alcanzara tal obsesión. Un asesino de jóvenes, un ladrón de perfumes espirituales. Un insuperable maestro del aroma. Y es que a partir de los cabellos de las nombradas, de su fluidos vaginales y de sus pertenencias, Grenouille conseguirá hacerse con una colección de frasquitos de perfume con los que podrá deleitarse y respirar eternamente, no solo el aroma de las jóvenes, sino de los seres en su totalidad.

Una buena trama y un digno desenlace que, por lo menos a mí, me dejó los pelos de punta.

Mariqueta Moreno Sánchez. 1º AH

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Categorías: La columna de Fígaro, Lecturas Los Cantos, Reflexiones

Autor:Estudiantes

Estudiantes de Bullas y San Javier

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