1º AH, BH y BC. Lectura obligatoria (y recomendada) de la semana: Exemplo XI del Conde Lucanor

¿Qué es real? ¿Estoy seguro de que lo que veo, siento o pienso es la realidad?

Platón os dirá que habitáis una caverna donde, atados de pies y manos, únicamente podéis percibir las sombras proyectadas en la pared, espectros que vosotros, en vuestra profunda ignorancia, creéis certezas incuestionables.

Siddharta, por su parte, sentado bajo el árbol Bo, os contará todo ese rollo de su lucha contra Mara, la ilusión, la mentira, durante días y noches de meditación, hasta romper la rueda del samsara, ciclo de reencarnaciones al que están sujetos todos aquellos que no son capaces de liberarse. Siddharta, comprendiendo que todo lo que le ata a este mundo es mentira, alcanza la iluminación y, por si no la sabéis, se convierte en Gautama Buda.

Descartes, a finales del siglo XVI, se pregunta cómo distinguir la realidad de los sueños, cómo estar seguro de que el mundo que percibimos es real. Para ello, os propone que, como él, dudéis de todo cuanto conozcáis y que lo acompañéis en ese extraño viaje que lleva a su famoso cogito, ergo sum  ‘pienso, luego existo’-, inicio del racionalismo moderno.

Cervantes sin embargo, en plan tocanarices, os empujará hacia este peligroso precipicio: si Don Quijote descubre que es el personaje de una novela porque encuentra a unos lectores que ya “lo han leído”, pero, estos, a su vez, son personajes inventados por Cervantes, tú, lector -del Quijote o de otros libros, eres también pura ficción, una pobre, ridícula y despreciable sombra.

Pero no os creáis que las respuestas acaban aquí, ni que los científicos son capaces de explicar el asunto de manera más sensata. El Principio de indeterminación, por ejemplo, enunciado por el físico Werner Heisenberg establece que es imposible determinar la posición o la trayectoria de una partícula, pues la observación influye de modo inevitable. El Paradigma holográfico, de David Bohm distingue entre dos realidades: una explicada, la que podéis observar y estudiar; y otra implicada, fuera del alcance de cualquier percepción. Pero el premio gordo en este concurso de aparentes idioteces se lo lleva el Principio antrópico, que os dice a la cara -y se queda tan fresco- que el mundo es necesariamente como es porque hay seres humanos que se preguntan por qué es así. ¡Toma ya!

El cuento que tendréis que llevar a clase mañana lunes -y cuyo archivo dejo enlazado más abajo- no solo plantea esta eterna indefinición entre realidad y apariencia, sino que la encauza además hacia el objetivo de la enseñanza moral. La verdad es que la época en la que se ubica obliga a que la cosa no pueda ser de otra manera. Tanto el tema que plantea el relato como el argumento con que lo aborda y el marco narrativo donde queda fijado -los consejos que da Patronio al Conde Lucanor- son claros al respecto. Y, sin embargo, si lo leéis esta tarde con la suficiente calma, percibiréis que hay algo ligeramente diferente en este enxiemplo  que logrará que levantéis la vista de sus párrafos y miréis a vuestro alrededor. Y si estáis suficientemente receptivos o sensibles, hasta puede que por un instante os sintáis un poco desorientados, como si hubiese un detalle en toda esa lista tan larga de detalles rutinarios a la que llamáis vida que no estuviera en su lugar.

Pero si en vez de estar receptivos o sensibles esta tarde, os sentís tocados por los dedos de las musas y andáis de un lado a otro profundamente inspirados, quizá, mientras acompañáis al deán de Santiago -protagonista del cuento- en su vertiginosa carrera por el tiempo y el espacio, podáis llegar a la conclusión de que nada es lo que parece y que lo que creéis que es verdad no lo es. Y así, inspirados e inquietos, seguro que comenzáis a tener un poco de miedo, al tiempo que las cópulas ser y parecer, eje sobre el que se alza vuestra categoría de lo real, se vuelven tan frágiles como el cristal recién templado. Y entonces me apuesto lo que queráis a que, como un certero derechazo en la mandíbula, os asaltará una pregunta de la que ya no podréis huir jamás de los jamases: ¿y si mi vida, mi familia, los lugares que reconozco, lo que siento, las ideas que creo fraguadas a cada instante por mí mismo, mi horizonte más lejano o más inmediato…; y si todo, absolutamente todo fuese una gigantesca mentira?

¿Que David ha perdido la chaveta? Puede ser. Pero, si queréis un consejo, ahí va: ojo con ir de listillos por la vida.

Aquí el texto.

Y el acostumbrado bonus track.

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Categorías: 1º Bachillerato Los Cantos, Fotocopias Los Cantos, Lecturas Los Cantos, Literatura Los Cantos, Recomendaciones, Reflexiones

Autor:David López Sandoval

Profesor del IES Los Cantos

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One Comment en “1º AH, BH y BC. Lectura obligatoria (y recomendada) de la semana: Exemplo XI del Conde Lucanor”

  1. Emilia
    18 diciembre, 2011 a 20:40 #

    Lo que más me ha gustado ha sido la canción! jaja

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