La película recomendada de la semana: Historias de Filadelfia

Antes las mujeres eran diosas, estatuas de bronce que al atardecer parecían irradiar un fuego que consumía a todo aquel que las miraba. Y los hombres danzábamos a su alrededor, ridículos y poetas, imaginándolas espíritus de luz, ángeles rubios que devoraban corazones, vírgenes a las que se adoraba en huertos sobrevolados por halcones casi siempre inalcanzables. Antes, mucho antes, en las historias, en los sonetos, sobre los escenarios se hablaba de aquellos ojos azules que nos dejaban sin aliento, de la sonrisa aljofarada, del cuello enhiesto, de la piel diáfana como el mármol más puro. Y los hombres aprendimos a enamorarnos de ellas sin esperar alcanzarlas. De ellas obtuvimos el premio de su  constante rechazo. Y de ese rechazo, la poesía.

Sé que muchos de vosotros estáis hasta las narices de trovadores, Don Melones o Calistos, y que, a estas alturas, cualquier cosa que os suene a dama displicente os provocará sarpullidos y náuseas. Pero como yo aquí soy el que manda, voy a seguir un día más con la matraca y os hablaré de la que quizá haya sido una de las últimas diosas adoradas, Tracy Lord, y de cómo llegó a convertirse en una mujer de carne y hueso.

Tracy Lord pertenece a la alta burguesía de Filadelfia y se va a casar con George Kittredge, el típico self made man americano, aunque también el tío más aburrido del mundo. Tracy viene de un primer matrimonio que acabó hace poco no sin cierto escándalo, y cree que con su nuevo prometido encontrará por fin lo que ha andado buscando desde siempre. Mientras tanto, su ex marido, C. K. Dexter Haven, vuelve a aparecer en la vida de los Lord, dispuesto -aparentemente- a vengarse de Tracy y facilitando el terreno a la revista Spy -un bodrio sensacionalista- para que realice un reportaje sobre la boda. Así que, un día antes del evento, y haciéndose pasar por amigos de un hermano de Tracy, se cuelan en la mansión la fotógrafa Liz Imbrie y el reportero Mike Connor, que desconocen, pobrecitos, que la familia en realidad ya está puesta al corriente del montaje.

Las vísperas nupciales serán definitivas para los personajes implicados en la trama, y sobre todos ellos destacará Tracy, la altiva pelirroja, la diosa inmisericorde que no tolera las debilidades humanas, el ángel de fuego que vuelve locos a los hombres, la viva imagen de la belleza y de la castidad. Todo, en su perfecto universo de frigidez y convenciones, se irá desmoronando cuando crea que tiene que elegir entre un novio del que no está enamorada, un ex marido al que no soporta y un ingenuo admirador -el periodista- por quien se siente atraída desde el principio. Y, sin embargo, aquí la encrucijada es otra bien distinta, porque en el fondo Tracy desea con todas sus fuerzas abandonar esa imagen de vestal y ser una mujer de carne y hueso, sentirse amada por lo que es en realidad, no por esos destellos de luz que a ojos de los hombres acaba irradiando siempre toda fruta prohibida.

La película se llama Historias de Filadelfia, se estrenó en 1940 y es, sin duda, una de mis favoritas. En pocas ocasiones he podido degustar un cóctel tan perfecto donde se mezclan además tantos ingredientes amados. Uno de ellos es la soberbia, imprescindible, bellísima Katharine Hepburn -Tracy Lord-, otro es el insustituible Cary Grant -C. K. Dexter Haven-, otro, por supuesto, el genial James Stewart -Mike Connor-, y otro, por último, el director, George Cukor, culpable de haber perpetrado unas cuantas obras maestras con las que se ha forjado mi educación sentimental, entre las que destacan La costilla de Adán, My Fair Lady o esa maravilla llamada Ricas y famosas, film que no me canso nunca de ver. Pero es que además la película es un prodigio de puesta en escena y un magnífico ejemplo de dirección de actores, quienes, apoyados en diálogos frescos, rápidos e inteligentes, sostienen un guión -basado en la obra teatral de Philip Barry, estrenada en Broadway en 1939 y protagonizada por la misma Katharine Hepburn- que se rodó en apenas nueve semanas sin necesidad de repetir ninguna toma.

Por todo ello, y por mucho más que acabaréis descubriendo vosotros solitos, bobos trovadores y damas desdeñosas, no deberíais perdérosla.

Aquí la película.

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Categorías: Recomendaciones, Reflexiones

Autor:David López Sandoval

Profesor del IES Los Cantos

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2 comentarios en “La película recomendada de la semana: Historias de Filadelfia”

  1. Esperanza
    5 diciembre, 2011 a 17:59 #

    La película se ve bien, pero está en inglés con subtítulos en español. ¿Podrías ponerla en español sin subtítulos?

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