Agentes del caos. Nuevo número de “Muralidades”

Infinitas son las clasificaciones que realiza el ser humano para conocerse a sí mismo y al mundo que le rodea, pero todas -o la mayoría- poseen un rasgo común: son binarias. Supongo que habrás oído alguna vez la típica frase que empieza con aquello de: hay dos tipos de personas; y que en más de una ocasión has estado tentado de verte reflejado en alguna de esas dos categorías, ya sea como el que prefiere los perros a los gatos, por ejemplo, o como aquel al que le gusta más la carne que el pescado, o el que soporta mejor el calor que el frío. Hay categorizaciones para todos los gustos, y, si así, de primeras, te pueden parecer una idiotez como la copa de un pino, ten mucho cuidado, porque al final todos -incluido tú, listillo- nos dejamos guiar por ellas, es más, solemos estructurar nuestra manera de vivir según en qué lado de la encrucijada estemos. Recuerda: si no eres del Madrid, eres del Barça; si no eres de derechas, eres de izquierdas; si no te gustan las mujeres, entonces te gustan los hombres…

Existe una clasificación que a mí siempre me ha resultado muy curiosa y que, a medida que pasan los años, la veo cada vez más obvia en las personas que me rodean. Podría decir, sin temor a equivocarme, que definitivamente el mundo se divide en dos tipos de personas: los agentes del orden y los agentes del caos. Me explico. Generalmente todos tendemos a ser ordenados; unos más que otros, bien es verdad, pero el orden siempre es un deseo, un objetivo en nuestra vida personal y social. Ahora bien, hay individuos que parecen estar tocados por una extraña varita mágica que hace que atraigan sobre sí cierto barullo, cierto desbarajuste que transforma, al menos momentáneamente, todo lo que nos rodea. Seguro que conoces a alguien así; es posible, incluso, que tú seas uno de ellos. Son los agentes del caos y, como en todo, hay gradaciones. Están, por ejemplo, aquellas personas que suelen ser las más divertidas en una fiesta, o los que, de repente, revientan una clase, o aquellos que pueden llegar a ser sencillamente imprevisibles.

Sin embargo, dos o tres peldaños más arriba en esta escala improvisada de seres caóticos, se sitúan otros agentes mucho más trascendentales y peligrosos. Su caos no se reduce a un pequeño círculo social, sino que afecta a muchísimas más personas. Generalmente se les califica con adjetivos tales como inconformistas, revolucionarios, outsiders o, lo que es peor, terroristas. Sus acciones suelen poner patas arriba las normas sociales y la convivencia. Sus métodos poseen una violencia inusitada -no necesariamente física- que siempre nos pilla desprevenidos.

Aunque es normal que estos verdaderos agentes del caos acaben siendo siempre los malos de la película, a pesar de que la sociedad acostumbra a arrinconarlos, perseguirlos o, peor, sacrificarlos en aras de la normalidad y el orden, creo que ha llegado la hora de que sepas que, por mucho que se les odie, son necesarios. Sin estos terribles caóticos, el mundo no habría avanzado, las civilizaciones se habrían estancado en el gigantesco charco del orden establecido. Porque en realidad a lo único que se dedican es a destruir, a devastar lo que existe sin contemplaciones, a prender fuego a todo aquello que tú, triste agente del orden, hasta ese momento creías ignífugo, incuestionable e indestructible. Cristo, Mahoma, Miguel Ángel, Cervantes, Newton, son unos cuantos nombres de estos agentes del desorden. Algunos fueron incomprendidos por sus contemporáneos; otros, simplemente, aniquilados.

Pues bien, llegados a este punto, y después de tanta explicación, quiero que, para el primer número de Muralidades del curso, te conviertas en un agente del caos, en un terrorista del pensamiento. Quiero que te hagas con una caja de cerillas y un buen bidón de gasolina, que elijas algo que no te gusta, que no soportas, y que, en trescientas palabras, le prendas fuego. No pongas esa cara; lo que te estoy pidiendo es bien sencillo. Considera, si no, esta evidencia: no todo en este mundo merece seguir en pie, la destrucción es a veces necesaria. Destruir, arrasar, no dejar piedra sobre piedra para luego volver a construir. Sin una devastación previa, sin una buena hoguera, sin el caos, nada nuevo podrá surgir nunca. ¿Que eres un chico formal -quizá demasiado- y no se te ocurre nada que tirar abajo? Bueno, permíteme que lo dude. Pero si lo que pasa es que eres un vago de tomo y lomo y te cuesta poner en marcha unas cuantas neuronas, aquí te dejo algunas ideas.

Si yo, por ejemplo, tuviera una cerilla y un bidón de gasolina, prendería fuego, por ejemplo, a tu instituto. Sí, así, como lo lees. No me gustan las cárceles, y los colegios e institutos, en este país, se parecen cada vez más a presidios a donde os llevan para cumplir condenas de dieciocho años y un día. Otra cosa que arrasaría sería, sin ir más lejos, Tele 5. Bien es verdad que los demás canales están enfangados en el mismo estercolero, pero Tele 5, por ser el pionero, se merece un buen fuego, no me lo niegues. ¿Y qué me dices de Nueva Condomina y todos aquellos lugares que son como Nueva Condomina?, ¿no les pondrías unos cuantos kilitos de goma 2? En fin, todo esto es un pequeño extracto de mi larguísima lista de cosas que no soporto. Podría darte muchas más ideas, pero prefiero dejarlo aquí. Son malos tiempos no sólo para la lírica, sino también para la ironía, el doble sentido o el mero juego literario. Sólo faltaba que acusaran a tu profesor de Lengua de incitarte a la barbarie y al terrorismo.

Como regalo, te dejo ante el mismísimo rey del caos.

(Plazo de entrega de los artículos: jueves, 20 de octubre)

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Categorías: 1º Bachillerato Los Cantos, 2º Bachillerato Los Cantos, 4º ESO Los Cantos, Reflexiones

Autor:David López Sandoval

Profesor del IES Los Cantos

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One Comment en “Agentes del caos. Nuevo número de “Muralidades””

  1. Pablo Fernández Sánchez
    17 octubre, 2011 a 22:42 #

    David me dar tu dirección de correo electrónico o hotmail, para hacerte perder un poco el tiempo? Gracias.

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