El Árbol de la Ciencia

Por Mariqueta Moreno Sánchez. 4º A

-Amigo, es que la naturaleza es muy sabia. No se contenta solo con dividir a los hombres en felices y en desdichados, en ricos y pobres, sino que da al rico el espíritu de la miseria. El obrero, el militar; el rico, el pobre.

-Me indigna todo esto –exclamó Andrés.

Andrés Hurtado, protagonista de la obra, estudia la carrera de Medicina en Madrid. Rodeado por la sociedad de la época, se va formando intelectualmente a lo largo de la obra, hasta conseguir terminar su carrera. Sufre una serie de acontecimientos en lo referente a su familia un tanto desmotivadores, lo cual le lleva a cambiar de residencia en varias ocasiones. Viaja ejerciendo su profesión por diversas zonas de Castilla, hecho que le lleva a conocerse a sí mismo, al mundo, y lo más importante, a la sociedad. Esto le hace reflexionar sobre su vida, sobre la conexión de esta y la ciencia. Y es así que a su regreso, acompañado por su madurez y por los acontecimientos depositados en sus espaldas, recuerda a su tío Iturrioz, personalidad interesante e inteligente personaje a lo largo de toda la obra.

Nos encontramos en la Azotea de Epicuro. Iturrioz y Hurtado son los personajes que hallamos en este lugar tan íntimo y personal. Llevan mucho tiempo hablando. Incluso dicho tiempo no es especificado en la obra. Podríamos decir que hablan incluso sin necesidad de mediar palabra. Sus pensamientos se entienden. Solamente son utilizas dichas palabras para entrar en discusión, en disputa. Discusión al describir la existencia y la relación con la cual esta se enzarza como una hiedra a la ciencia. El Árbol de la Ciencia, aquel que esconde el fruto que transforma el edén de La Creación en un abismo. Considerar la procreación de un ser humano como el pecado universal, defender la idiotez y el egoísmo del hombre en todos los pueblos de la tierra, afirmar que dicho egoísmo ha marcado el camino, el sendero, la calle y el ferrocarril del ser moral. ¿Y la libertad? El que no tiene dinero paga la libertad con su cuerpo, así pues, se necesita ser un pobre diablo, un alma de perro, desgraciadamente.

Y es así que todos somos pasivos en sociedad. Incluso Hurtado mismo, pues terminará haciendo alarde del famoso dicho popular de El Quijote: “Cada oveja con su pareja” y se casará con Lulú, joven de sus mismas condiciones que le llevará por momentos a olvidar sus cuestiones filosóficas de la vida y “vivir” al igual que lo hacen todos. Se casará y procreará con remordimiento a un hijo para satisfacer las ilusiones de su mujer. Sin embargo, algo que nunca podrían explicar ni la ciencia, ni la filosofía, ni la moral que alberga entre sendas, es cómo en cuestión de veinte páginas y apenas un par de días de historia, esta puede finalizar con un frasquito de Aconitina Cristalizada de Duquesnel encima de la mesita de noche.

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Categorías: La columna de Fígaro

Autor:David López Sandoval

Profesor del IES Los Cantos

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