Hambrientos e insensatos. Número 43 de Muralidades

Estáis ante el último número de Muralidades de este curso. Si un día hacéis el esfuerzo y le echáis un vistazo a los seis anteriores, podréis comprobar que cada artículo guarda un momento del año, un fugaz apunte que vuestra cabeza o vuestro corazón recopilaron en su momento y que aún ahora posee un significado muy concreto para vosotros. Sé de algunos antiguos alumnos que todavía visitan la web de la revista y repasan sus antiguos artículos; también sé que es este un ejercicio de memoria, pues, con cada relectura, regresan los instantes en que fueron escritos y, con ellos, alguna que otra imagen del pasado. Verba volant, scripta manent -las palabras vuelan, lo escrito permanece-, que dirían los clásicos, y así es como los profesores del Departamento de Lengua Castellana y Literatura hemos querido que sea. Por eso hemos elaborado este pequeño homenaje a vuestros textos, con el que queremos daros las gracias:

Para este último número he decidido que una persona ajena a nuestro centro se encargue de proponer el tema. Se trata de Steve Jobs, creador de Apple, de NeXT y de Pixar, compañías todas ellas sin las que vuestro mundo sería absolutamente diferente. A continuación os dejo el vídeo del famoso discurso que dio hace ya la friolera de seis años ante los alumnos graduados de la Universidad de Stanford, y seguidamente la transcripción del mismo para que podáis profundizar en él cuanto queráis.

Si recordáis, comenzamos este curso con un número donde teníais que hablar de la falta de futuro. Pues bien, ahora el señor Jobs os propone que habléis del futuro como si realmente existiera y fuese esperanzador. Veréis que todas las pequeñas-grandes anécdotas que cuenta confluyen en una misma idea que guía su argumentación desde el principio: los auténticos cambios en vuestra vida, las grandes decisiones que en algún momento habréis de tomar, sólo tendrán sentido, únicamente prosperarán, si no os preocupáis demasiado por las consecuencias, si os dejáis guiar por el instinto y por lo que verdaderamente amáis, si, en definitiva, os mantenéis, ahora y siempre, hambrientos e insensatos.

Escribid, escribid por tanto sobre lo que habéis comenzado a amar, sobre lo que os gustaría llevar a cabo, sobre el camino que os queda por recorrer. Escribid y fantasead, si es eso lo que os apetece, sobre lo que sin duda queda por venir, sobre el luminoso futuro que ya, en estos momentos, se abre ante vosotros sin que os hayáis dado cuenta todavía.

(Fecha de entrega: 23 de mayo)

DISCURSO DE STEVE JOBS

Tengo el honor de estar hoy aquí con vosotros en vuestra iniciación en una de las mejores universidades del mundo. Nunca me gradué. A decir verdad, esto es lo más cerca que jamás he estado de una graduación universitaria. Hoy os quiero contar tres historias de mi vida. Nada especial. Sólo tres historias.

La primera historia versa sobre cómo se conectan los puntos.

Dejé Reed College después de los seis primeros meses, pero después seguí por allí por libre otros 18 meses, más o menos, antes de dejarlo de veras. Entonces, ¿por qué lo dejé?

Comenzó antes de que yo naciera. Mi madre biológica era una titulada universitaria joven y soltera, y decidió darme en adopción. Ella tenía muy claro que quienes me adoptaran tendrían que ser titulados universitarios, de modo que todo se preparó para que fuese adoptado al nacer por un abogado y su mujer. Solo que cuando aparecí decidieron en el último momento que lo que de verdad querían era una niña. Así que mis padres, que estaban en lista de espera, recibieron una llamada a media noche preguntando: “Tenemos un niño no esperado; ¿lo queréis?” “Por supuesto”, dijeron. Mi madre biológica se enteró de que mi madre no tenía titulación universitaria, y que mi padre ni siquiera había terminado el bachillerato, así que se negó a firmar los documentos de adopción. Sólo cedió, meses más tarde, cuando mis padres prometieron que algún día iría a la universidad.

Y 17 años más tarde realmente fui a la universidad. Pero de forma descuidada elegí una universidad que era casi tan cara como Stanford, y todos los ahorros de mis padres de clase trabajadora los estaba gastando en mi matrícula. Después de seis meses, no le veía propósito alguno. No tenía idea de qué quería hacer con mi vida, y menos aún de cómo la universidad me iba a ayudar a averiguarlo. Y me estaba gastando todos los ahorros que mis padres habían conseguido a lo largo de su vida. Así que decidí dejarlo, y confiar en que las cosas saldrían bien. En su momento me dio miedo, pero en retrospectiva fue una de las mejores decisiones que nunca haya tomado. En el momento en que lo dejé, ya no fui más a las clases obligatorias que no me interesaban, y comencé a meterme en las que parecían interesantes.

No era idílico. No tenía dormitorio, así que dormía en el suelo de las habitaciones de mis amigos, devolvía botellas de Coca Cola por los 5 céntimos del depósito para conseguir dinero para comer, y caminaba más de 10 Km los domingos por la noche para comer bien una vez por semana en el templo de los Hare Krishna. Me encantaba. Y muchas cosas con las que me fui topando al seguir mi curiosidad e intuición resultaron no tener precio más adelante.

Os daré un ejemplo: en aquella época el Reed College ofrecía la que quizá fuese la mejor formación en caligrafía del país. En todas partes del campus, todos los pósters, todas las etiquetas de todos los cajones, estaban bellamente caligrafiadas a mano. Como ya no estaba matriculado y no tenía clases obligatorias, decidí atender al curso de caligrafía para aprender cómo se hacía. Aprendí cosas sobre el serif y tipografías sans serif, sobre los espacios variables entre combinaciones de letras, sobre qué hace realmente grande a una gran tipografía. Era sutilmente bello, histórica y artísticamente, de una forma que la ciencia no puede capturar, y lo encontré fascinante.

Nada de esto tenía ni la más mínima esperanza de aplicación práctica en mi vida. Pero diez años más tarde, cuando estábamos diseñando el primer ordenador Macintosh, volvió a mí. Y diseñamos el Mac con todo dentro. Fue el primer ordenador con tipografías bellas. Si nunca me hubiera dejado caer por aquél curso concreto en la universidad, el Mac jamás habría tenido múltiples tipografías, ni tipos con espaciado proporcional. Y como Windows no hizo más que copiar el Mac, es probable que ningún ordenador personal los tuviera. Si nunca hubiera decidido dejarlo, no habría entrado en esa clase de caligrafía, y los ordenadores personales no tendrían la maravillosa tipografía que poseen. Por supuesto que era imposible conectar los puntos mirando hacia el futuro cuando estaba en clase. Pero era muy, muy claro al mirar atrás diez años más tarde.

Otra vez: no se pueden conectar los puntos hacia adelante, sólo puedes hacerlo hacia atrás. Así que tenéis que confiar en que los puntos se conectarán alguna vez en el futuro. Tienes que confiar en algo — tu instinto, el destino, la vida, el karma, lo que sea. Esta forma de actuar nunca me ha dejado tirado, y ha marcado la diferencia en mi vida.

Mi segunda historia es sobre el amor y la pérdida.

Tuve suerte — supe pronto en mi vida qué era lo que más deseaba hacer. Woz y yo creamos Apple en la cochera de mis padres cuando tenía 20 años. Trabajamos mucho, y en diez años Apple creció de ser sólo nosotros dos a ser una compañía valorada en 2 mil millones de dólares y 4.000 empleados. Hacía justo un año que habíamos lanzado nuestra mejor creación — el Macintosh — un año antes, y hacía poco que había cumplido los 30. Y me despidieron. ¿Cómo te pueden echar de la empresa que tú has creado? Bueno, mientras Apple crecía contratamos a alguien que yo creía muy capacitado para llevar la compañía junto a mí, y durante el primer año, más o menos, las cosas fueron bien. Pero luego nuestra perspectiva del futuro comenzó a divergir, y finalmente nos apartamos completamente. Cuando eso pasó, nuestra Junta Directiva se puso de su parte. Así que a los 30 estaba fuera. Y de forma muy notoria. Lo que había sido el centro de toda mi vida adulta se había ido, y fue devastador.

Realmente no supe qué hacer durante algunos meses. Sentía que había dado de lado a la anterior generación de emprendedores – que había soltado el testigo en el momento en que me lo pasaban. Me reuní con David Packard [de Hewlett Packard] y Bob Noyce [inventor del circuito integrado, Intel], e intenté disculparme por haberla fastidiado tanto. Fue un fracaso muy notorio, e incluso pensé en huir del valle [Silicon Valley]. Pero algo comenzó a abrirse paso en mí — aún amaba lo que hacía. El resultado de los acontecimientos en Apple no había cambiado eso ni un ápice. Había sido rechazado, pero aún estaba enamorado. Así que decidí comenzar de nuevo.

No lo vi así entonces, pero resultó ser que el que me echaran de Apple fue lo mejor que jamás me pudo haber pasado. Había cambiado el peso del éxito por la ligereza de ser de nuevo un principiante, menos seguro de las cosas. Me liberó para entrar en uno de los periodos más creativos de mi vida.

Durante los siguientes cinco años, creé una empresa llamada NeXT, otra llamada Pixar, y me enamoré de una mujer asombrosa que se convertiría después en mi esposa. Pixar llegó a crear el primer largometraje animado por ordenador, Toy Story, y es ahora el estudio de animación más exitoso del mundo. En un notable giro de los acontecimientos, Apple compró NeXT, regresé a Apple, y la tecnología que desarrollamos en NeXT es el corazón del actual renacimiento de Apple. Y Laurene y yo tenemos una maravillosa familia.

Estoy bastante seguro de que nada de esto habría ocurrido si no me hubieran echado de Apple. Creo que fue una medicina horrible, pero supongo que el paciente la necesitaba. A veces, la vida te da en la cabeza con un ladrillo. No perdáis la fe. Estoy convencido de que la única cosa que me mantuvo en marcha fue mi amor por lo que hacía. Tenéis que encontrar qué es lo que amáis. Y esto vale tanto para vuestro trabajo como para vuestros amantes. El trabajo va a llenar gran parte de vuestra vida, y la única forma de estar realmente satisfecho es hacer lo que consideráis un trabajo genial. Y la única forma de tener un trabajo genial es amar lo que hacéis. Si aún no lo habéis encontrado, seguid buscando. No os conforméis. Como en todo lo que tiene que ver con el corazón, lo sabréis cuando lo hayáis encontrado. Y como en todas las relaciones geniales, las cosas mejoran y mejoran según pasan los años. Así que seguid buscando hasta que lo encontréis. No os conforméis.

Mi tercera historia es sobre la muerte.

Cuando tenía 17 años, leí una cita que decía algo como: “Si vives cada día como si fuera el último, algún día tendrás razón”. Me marcó, y desde entonces, durante los últimos 33 años, cada mañana me he mirado en el espejo y me he preguntado: “Si hoy fuese el último día de mi vida, ¿querría hacer lo que voy a hacer hoy?” Y si la respuesta era “No” durante demasiados días seguidos, sabía que necesitaba cambiar algo.

Recordar que voy a morir pronto es la herramienta más importante que haya encontrado para ayudarme a tomar las grandes decisiones de mi vida. Porque prácticamente todo — las expectativas de los demás, el orgullo, el miedo al ridículo o al fracaso — se desvanece frente a la muerte, dejando sólo lo que es verdaderamente importante. Recordar que vas a morir es la mejor forma que conozco de evitar la trampa de pensar que tienes algo que perder. Ya estás desnudo. No hay razón para no seguir al corazón.

Hace casi un año me diagnosticaron cáncer. Me hicieron un barrido a las 7:30 de la mañana, y mostraba claramente un tumor en el páncreas. Ni siquiera sabía qué era el páncreas. Los médicos me dijeron que era prácticamente seguro un tipo de cáncer incurable, y que mi esperanza de vida sería de tres a seis meses. Mi médico me aconsejó que me fuese a casa y dejara zanjados mis asuntos, forma médica de decir prepárate a morir. Significa intentar decirle a tus hijos todo lo que ibas a contarles en los próximos diez años en unos pocos meses. Significa asegurarte de que todo queda atado y bien atado, para que sea tan fácil como sea posible para tu familia. Significa decir adiós.

Viví todo un día con ese diagnóstico. Luego, a última hora de la tarde, me hicieron una biopsia, metiéndome un endoscopio por la garganta, a través del estómago y el duodeno, pincharon el páncreas con una aguja para obtener algunas células del tumor. Yo estaba sedado, pero mi esposa, que estaba allí, me dijo que cuando vieron las células al microscopio los médicos comenzaron a llorar porque resultó ser una forma muy rara de cáncer pancreático que se puede curar con cirugía. Me operaron, y ahora estoy bien.

Esto es lo más cerca que he estado de la muerte, y espero que sea lo más cerca que esté de ella durante algunas décadas más. Habiendo vivido esto, ahora os puedo decir esto con más certeza que cuando la muerte era un concepto útil, pero puramente intelectual:

Nadie quiere morir. Ni siquiera la gente que quiere ir al cielo quiere morir para llegar allí. Y sin embargo la muerte es el destino que todos compartimos. Nadie ha escapado de ella. Y así tiene que ser, porque la Muerte es posiblemente el mejor invento de la Vida. Es el agente de cambio de la Vida. Retira lo viejo para hacer sitio a lo nuevo. Ahora mismo lo nuevo sois vosotros, pero dentro de no demasiado tiempo, de forma gradual, os iréis convirtiendo en lo viejo, y seréis apartados. Siento ser tan dramático, pero es bastante cierto.

Vuestro tiempo es limitado, así que no lo gastéis viviendo la vida de otro. No os dejéis atrapar por el dogma — que es vivir según los resultados del pensamiento de otros. No dejéis que el ruido de las opiniones de los demás ahogue vuestra propia voz interior. Y lo más importante, tened el coraje de seguir a vuestro corazón y vuestra intuición. De algún modo ellos ya saben lo que tú realmente quieres ser. Todo lo demás es secundario.

Cuando era joven, había una publicación asombrosa llamada The Whole Earth Catalog [Catálogo de toda la Tierra], una de las biblias de mi generación. La creó un tipo llamado Stewart Brand no lejos de aquí, en Meno Park, y la trajo a la vida con su toque poético. Eran los últimos años 60, antes de los ordenadores personales y la autoedición, así que se hacía con máquinas de escribir, tijeras, y cámaras Polaroid. Era como Google con tapas de cartulina, 35 años de que llegara Google: era idealista, y rebosaba de herramientas claras y grandes conceptos.

Stewart y su equipo sacaron varios números del The Whole Earth Catalog, y cuando llegó su momento, sacaron un último número. Fue a mediados de los 70, y yo tenía vuestra edad. En la contraportada de su último número había una fotografía de una carretera por el campo a primera hora de la mañana, la clase de carretera en la que podrías encontrarte haciendo autoestop si fueseis así de aventureros. Bajo ella estaban las palabras: “Sigue hambriento. Sigue insensato”. Era su último mensaje de despedida. Sigue hambriento. Sigue insensato. Y siempre he deseado eso para mí. Y ahora, cuando os graduáis para comenzar de nuevo, os deseo eso.

Seguid hambrientos. Seguid insensatos.

Muchísimas gracias a todos.

Anuncios

Etiquetas:, ,

Categorías: Uncategorized

Autor:David López Sandoval

Profesor del IES Los Cantos

Síguenos en...

8 comentarios en “Hambrientos e insensatos. Número 43 de Muralidades”

  1. Mácula
    3 mayo, 2011 a 8:50 #

    Steve Jobs, sin duda un ejemplo a seguir. Que bien!!. Maravillosos valores se les enseña en el IES los Cantos de Bullas. ¿Hambrientos e Insensatos?.
    Actuar y No pensar en las consecuencias…… Aquí dejo un enlace para el que le interese, es una de las obras maestras de Steve Jobs y su compañía Apple. Es un árticulo sobre la ola de suicidios entre jóvenes de 18 a 26 años de edad que trabajaban en la fábrica de apple en China.
    http://www.elpais.com/articulo/sociedad/Condiciones/leoninas/fabrica/china/iPad/elpepisoc/20100528elpepisoc_5/Tes

    • 3 mayo, 2011 a 13:20 #

      Estimada Mácula:

      Si no podemos disociar las palabras de quien las dice, apaga y vámonos. Por esa misma regla de tres, dejemos de leer a Jünger, a Eliade, a Neruda, a Borges, a Marx, a Hernández, a D’Ors o a cualquier otro escritor, pensador o, simplemente, conferenciante cuyo paso por la vida haya sido, cuando menos, dudoso.

      Jobs no es un ejemplo a seguir (¿o sí?, en eso supongo que habrá disparidad de opiniones), pero sus palabras, en el discurso de Stanford, son inspiradoras y bien valen una reflexión.

      Un saludo.

      P.S.: En el IES Los Cantos no sé, pero en mis clases no se enseñan valores. De hecho un servidor huye de ellos como de la peste.

      • Mácula
        3 mayo, 2011 a 15:17 #

        Querido David:

        Es posible que en mi mensaje anterior haya sido un poco brusca.
        Disociemos las palabras de los Dictadores, ¿Será Jobs un Dictador? (imagino que también habrá disparidad de opiniones sobre esto).
        Por supuesto que hay diversidad de opiniones sobre cualquier cosa en la vida. Yo solo doy la mía.
        Aclarar que lo que una persona hace y dice es lo que hace a esa persona.
        Claro que hay que reflexionar sobre lo que dicen los pensadores, profesores, alumnos, escritores, políticos, empresarios de éxito, etc. Pero hay algunos, que ya han demostrado a lo largo de su trayectoria cuales son sus objetivos, no solo con palabras, sino con hechos y cuando esos objetivos se convierten en hacer lo que sea necesario para su propio beneficio (Hambrientos), dejando de un lado cualquier daño producido por sus actos (Insensatos), bajo mi modesto punto de vista, pierden credibilidad y no merecen ningún tipo de atención.
        De ahí que el final del discurso, viendo lo que está sucediendo en el imperio “Jobs”, suicidios en su fabrica de China, explotación laboral, y una demostración constante de que lo importante es vender lo máximo, en el menor tiempo posible y a cualquier precio, (incluido la pérdida de vidas humanas), no sea de lo más acertado para inspirar a unos alumnos que están empezando a desarrollarse y que van a ser nuestro futuro.
        Repito que toda esta reflexión que hago al leer tu texto y el discurso de Jobs, (creo que tu intención es esa, la de reflexionar) es como bien dices una opinión más. No pretendo llevar la razón, únicamente pretendo participar en el debate.
        Gracias por tu atención.

      • 3 mayo, 2011 a 16:07 #

        Querida Mácula:

        Bienvenida la discrepancia, por supuesto. Creo que no me has entendido: a mí, personalmente, me da igual que este señor se llame Jobs y sea el creador de Apple y actualmente su director. Como empresario, puede ser más o menos humano, puede ser más o menos explotador. No tengo datos suficientes para decantarme por una cosa u otra.

        El caso es que su discurso está francamente bien. A mí, particularmente, me gusta y creo que puede gustar a cualquiera que lo lea o escuche. Habla de los proyectos personales, del futuro, de la actitud personal ante ese futuro, del azar y de cómo sólo podemos unir los puntos cuando los hechos han pasado. Eso es lo que me interesa.

        Hay personajes de la historia, escritores, artistas, filósofos que, en su vida han cometido tropelías mil. Rousseau metió a todos sus hijos en la inclusa, por ejemplo, y no por ello voy a dejar de leer El contrato social. Pablo Neruda abandonó cobardemente, estallada la Guerra Civil, a su mujer y a su hija (retrasada mental) en Madrid, y huyó con su amante a Francia, también le escribió una oda a Stalin, y no por eso voy a dejar de leer Residencia en la tierra. Marx era un maltratador… Eliade coqueteó con el fascismo rumano…

        No sé si me explico.

        Por cierto, encantado de debatir contigo.

        Un saludo.

  2. Mácula
    3 mayo, 2011 a 16:43 #

    Por supuesto que el discurso de Jobs es interesante, eso nadie lo discute. Tu crees que no importa y da igual quien lo diga, yo creo que si importa quien lo diga. Así también se puede valorar el grado de hipocresía de la Sociedad dentro de la misma reflexión. Eso no es menos importante. Si solo nos dedicamos a escuchar o a leer lo que nos ponen delante y no nos informamos ni un poquito de quien nos está hablando o escribiendo, tampoco aprenderemos mucho.
    Está clarísimo que la historia está llena de infames actos de personajes interesantes, Por cierto Pablo Neruda Salió de Madrid entre bombas. La Guerra Civil había estallado en España y la lucha entre republicanos y nacionales era feroz. Pablo Neruda, entonces cónsul de Chile, viajó con su esposa, la holandesa María Antonieta Hagenaar, y su hija Malva Marina, a Francia. No sólo huía de la guerra: enamorado ya de la argentina Delia del Carril, había decidido terminar con su matrimonio. El 8 de diciembre de 1936 dejó a su mujer y a su pequeña hija enferma en Mónaco. Y partió a Marsella. Nunca más volvió a verlas. Su hija murió a los pocos años. De los demás que mencionas no tengo suficiente información.
    Entiendo lo que dices, no lo comparto.
    También es un placer compartir ideas y reflexiones contigo.
    Saludos.

    • 3 mayo, 2011 a 21:00 #

      Querida Mácula:

      Lee “Las armas y las letras”, de Andrés Trapiello, y “Madrid sufre. Diarios de guerra en el Madrid republicano”, de Carlos Morla Lynch, diplomático chileno durante la Guerra Civil. Te aclarará bastante la anécdota de Pablo Neruda.

      Un saludo, Mácula. Y un placer leerte por aquí.

      • Mácula
        4 mayo, 2011 a 11:32 #

        Empezamos por Jobs y acabamos por Neruda, ¿comparables?, imagino que para algunos, si.
        El Enigma de Malva Marina, de Bernardo Reyes, sobrino nieto del poeta.
        Saludos, y nos vemos a la vuelta de nuestras lecturas.

  3. Miff
    20 septiembre, 2011 a 10:57 #

    Amén.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: