Del Amor. Número 41 de “Muralidades”

Carmen Marín Martínez

Las cosas se complican deliciosamente en la adolescencia. Uno empieza a sentir que su cuerpo vibra de forma distinta  y que no siempre quiere ni puede someterse a los dictados de la razón, de la moral o de la autoridad. El tigre despierta hambriento y rodeado de carne fresca pero no puede comer, antes debe esperar, con la paciencia de un amante cortesano, a que la hembra deje su rastro oloroso de hormonas en celo. Le urge encontrarla antes que otros y seducirla sin piedad pero, claro, eso no es tarea fácil y menos para un tigre virgen, ansioso y delirante. Tengamos en cuenta, además, que en la mayoría de ocasiones el tigre sigue el rastro equivocado de una hembra que, muy probablemente derroche con inocente inutilidad sus efluvios no sólo hacia otro tigre más hermoso sino incluso hacia cualquier otro semental de una especie superior.

No debería ser tan complicado pero es así, el amor adolescente es el más arriesgado, el más audaz, el más incauto y por ende, el más torpe y vulnerable. Son los amores nonatos aquellos que se viven desde la disparatada y fantasiosa prisión de la propia mente, anhelando cualquier mirada, detalle o gesto que pueda hacernos marchar gozosos a casa. Aunque, no nos engañemos, esa fase de enamoramiento no tiene edad. Así lo ve Ortega y Gasset en sus Estudios sobre el amor:

Cuando hemos caído en ese estado de angostura mental, de angina psíquica que es el enamoramiento, estamos perdidos. En los primeros días aún podemos luchar; pero cuando la desproporción entre la atención prestada a una mujer y la que concedemos a las demás y al resto del cosmos pasa de cierta medida, no está ya en nuestra mano detener el proceso”.

Pero que nadie desespere porque esto pasa y  todos vivimos tarde o temprano la exaltación de la vida y el placer que trae consigo el amor correspondido. Ahí es cuando, con suerte, nos iniciamos en el amor carnal y superamos al fin miedos, complejos y demás obstáculos estéticos, psíquicos o morales. Desprenderse de ellos requiere valentía porque están construidos sobre una tradición que, hasta hace muy poco, trataba al hombre y a la mujer con una dramática disparidad.

"Una mirada oblicua"

Así es, al hombre se le ha permitido vivir una vida sexual dilatada y diversa mientras que a las mujeres se les ha asignado solo dos papeles posibles en escena: la de fiel esposa y adorable madre o la de concubina dispuesta para el placer pero expuesta al escarnio público. A esto hay que sumar el papel de la iglesia católica al imponer su ley a través de la imposibilidad de romper el vínculo de la pareja, dejando que fuera la muerte quien pusiera punto final. El placer se criminalizó y se predicó que el amor nacía del matrimonio y no al revés. Hasta mitad del siglo XX los hombres tuvieron que recurrir a los burdeles para descubrir su propia sexualidad y las mujeres no tenían más deber que esperar al marido en casa, cuidando a los niños. Pero por fin llegaron los años 60 y el fin de aquel insensible orden moral dio origen a otro cuya lema principal, “Mi cuerpo me pertenece”, da, sin duda, para otro número de reflexión.

Ahora que el amor es libre, que la pareja está basada en el amor voluntarioso, se considera la infidelidad un fracaso rotundo; y es que hay demasiadas cosas en este mundo nuestro que se parecen al amor.

En este número de Muralidades quiero que abras los ojos a todas las posibilidades de amor que nos rodean: al amor romántico, al amor carnal, al amor de urgencia, al amor incipiente, al amor escondido, al amor platónico, al amor refugio, al amor sexual. En definitiva, elige el que más te inspire en tu camino y dale rienda suelta a tus pasiones amorosas.

Fecha de entrega: 21 de febrero

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Categorías: Reflexiones

Autor:Carmen Marín Martínez

Profesora de 2º AC, 1º CH (Tutora), 2º C y 1º H

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4 comentarios en “Del Amor. Número 41 de “Muralidades””

  1. Ana María
    31 enero, 2011 a 23:05 #

    Como ya creo que sabes, me encanta este tema y veo cierta inspiración en nuestras clases y en cierto libro…¿verdad?
    Aunque parezca un tema concreto, el amor tiene muchísimas variantes distintas como tu bien has escrito…Creo que al final de curso habrá que darle las gracias a Márquez por abrirnos lo ojos.

    • Carmen Marín
      1 febrero, 2011 a 15:53 #

      Así es Ana. Inspirada por el mismísimo Florentino que supo como pocos disfrutar del amor, desde el respeto, la libertad y el deseo. Estoy de acuerdo contigo: “habrá que darle las gracias a Márquez por abrirnos los ojos” otra vez. Un abrazo.

  2. Anónim@
    5 febrero, 2011 a 23:02 #

    ¡O llama de amor viva
    que tiernamente hieres
    de mi alma en el más profundo centro!
    Pues ya no eres esquiva
    acaba ya si quieres,
    ¡rompe la tela de este dulce encuentro!

    ¡Oh cautiverio suave!
    ¡Oh regalada llaga!
    ¡Oh mano blanda! ¡Oh toque delicado
    que a vida eterna sabe
    y toda deuda paga!
    Matando, muerte en vida has trocado.

    ¡Oh lámparas de fuego
    en cuyos resplandores
    las profundas cavernas del sentido,
    que estaba oscuro y ciego,
    con estraños primores
    color y luz dan junto a su querido!

    ¡Cuán manso y amoroso
    recuerdas en mi seno
    donde secretamente solo moras,
    y en tu aspirar sabroso
    de bien y gloria lleno,
    cuán delicadamente me enamoras!

    Llama del amor viva, San Juan de la Cruz.

    ¡Qué recuerdos…! 🙂

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