“Pepita Jiménez”. Juan Valera

Por Mariqueta Moreno Sánchez. 4º A

Pepita Jiménez es una obra de Juan Valera, diplomático, político y escritor español. Nació en Córdoba el 18 de Octubre de 1824 y murió en Madrid en 1905.  Estudió Lengua y Filosofía en el seminario de Málaga entre 1837 y 1840 y en el colegio Sacromonte de Granada en 1841. Más tarde inició estudios de Filosofía y Derecho en la Universidad de Granada. Cultivó diferentes géneros pero, como novelista, sus  ideas fundamentales fueron: el realismo, la corrección, precisión, sencillez…Los temas más importantes de sus obras serán el amor y los conflictos religiosos.

Cultivó todos los géneros literarios: epistolar, periodístico, crítica literaria, poesía, teatro, cuento y novela.

Situémonos en los preciosos cortijos de la actual comunidad andaluza, lugar donde transcurre esta historia. ¿Quién iba a imaginar que el desenlace del suceso fuera tal? Personalmente, creo que nadie.

Don Luis, hijo del gran varón Don Pedro, regresa a su pueblo natal tras años de convivencia con su tío, quien le ha inculcado ciertos valores teológicos. El motivo de su visita es pasar un pequeño período de tiempo en compañía de su padre y de otros familiares cercanos, antes de entregarse definitivamente al sacerdocio.

Sin embargo, durante su estancia, una serie de personas ligadas a diversos sucesos hacen que su confianza en sí mismo y en el Altísimo se tambaleen. Pepita Jiménez se constituirá en figura idílica a la que todos los varones rendirán admiración. Y, a pesar de que Don Luis no albergará ninguna esperanza de contraer matrimonio con la susodicha, todos parecen dispuestos a incitar en Don Luis el deseo por Pepita Jiménez: Vicario difundirá constantemente lindezas sobre este maravilloso ser, Don Pedro lo obligará a vivir distintas anécdotas con Pepita, e incluso Antoñona (sirvienta de Pepita) se verá involucrada en todos los sucesos de esta, en un principio, paradójica historia. La fuerza del sino hará que don Luis ceda a sus inmaculadas creencias, cayendo así en los brazos de  Pepita Jiménez, traidora de su propia fe a causa del desafío de la fe de don Luis. Periquito será el fruto del amor de ambos, amor que quedará plasmado en una época y en unos tiempos difíciles.

El argumento del libro queda fundamentado, básicamente, en estos párrafos. Sin embargo he de añadir que toda la información enlazada en este resumen se divide en el libro en tres partes: Cartas de mi sobrino, Paralipómenos y Cartas de mi hermano.

Juan Valera

Juan Valera, escritor realista, ha conseguido la observación por mi parte de ciertos elementos de su estilo realista característico: la profunda descripción de personajes y objetos, la época realzada en la historia…

Personalmente la considero una obra de gran valor. La forma utilizada por Valera para describir y expresar los sentimientos de don Luis es maravillosa, la distribución y alternancia de narradores me parece interesante y el desenlace quizá sea lo que más inquiete al lector. Si pudiera elegir una escena determinada del libro, me quedaría con el momento en que Pepita y Luis reconocen, afirman y dan valor a su enamoramiento.

Una curiosidad del libro, es la cita de Lucrecio que lo finaliza:

Nec sine te quidquam dias in luminis oras, exoritur, neque fit laetum, neque amabile quidquam.”

(Sin ti nada puede ascender a las gloriosas regiones de la luz; no hay sin ti en el mundo ni alegría ni amabilidad).

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Categorías: La columna de Fígaro

Autor:David López Sandoval

Profesor del IES Los Cantos

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One Comment en ““Pepita Jiménez”. Juan Valera”

  1. Manuel Jerez Klopfer
    10 febrero, 2018 a 1:46 #

    Coincido con Mariqueta en “La forma utilizada por Valera para describir y expresar los sentimientos de don Luis es maravillosa, la distribución y alternancia de narradores” y a eso le añado la belleza en el uso del lenguaje, las imágenes sensoriales y las imágenes literarias. Su formación humanista evidenciada por la profusión de citas de la mitología y también la belleza recreada del entorno de los cortijos, y cómo la va sintiendo y disfrutando don Luis. Es maravilloso.

    Me parece que el desenlace es muy anunciado en diferentes detalles, especialmente en la preocupación del deán. Parte del desenlace que no preví durante la lectura, es la calificación de orgullo desmedido de don Luis, rayano en la soberbia, de creer que estaba destinado, sin más, a ser un “Padre de la Iglesia”. Fiebre de juventud, estimulada por el Deán, su tío, su formador, que ambicionaba por su parte ser el creador de una figura relevante para la iglesia católica.

    Me gustó muchísimo la novela y hube de detenerme varias veces por palabras ya en desuso. Por ejemplo, “candiotera”. Se ha usado por largo tiempo la palabra “bodega” para ser sustituida finalmente por “cava”. Esta última implica más tecnología, referida a la climatización de la bodega. Muy interesante. Aunque originalmente, “Cava” es una región en Cataluña. Más interesante. Pero la novela transcurre en Andalucía, y cerca de Jerez, al otro extremo de España.

    Estoy comentando desde el año 2018, una novela que se escribió en la primera mitad del siglo diecinueve. Otro contexto, otra cultura, otras creencias, otras reglas. Lo señalo porque lo que hoy me parece mal, en ese tiempo era algo absolutamente normal y aceptado. Percibo la consideración discriminatoria entre la clase terrateniente y el pueblo. Unos considerados con nombres completos y grandes virtudes. Del pueblo, leemos nombres aislados, sin apellido, o motes. Y de otros, solamente una descripción muy general, como “gitanas buhoneras”. Los personajes del pueblo son “vulgares”. No lo critico, son dos épocas muy distintas. Pero me chocó especialmente leer dos declaraciones del mismo escenario y contexto:

    ….. ver en cada ser humano un objeto digno de amor, un verdadero prójimo, un igual suyo, un alma en cuyo fondo hay un tesoro de excelentes prendas y virtudes, un ser hecho, en suma, a imagen y semejanza de Dios.

    Contrastado con

    Ha tenido nuevo empleo en las aduanas, ha comerciado luego en negros,

    Finalmente, como cosa general y muy importante, la expresión “Nescit labi virtus”, comentada en el mismo libro con esta afirmación “Si hubiera habido virtud sólida en mí, con tiempo te hubiera desengañado y no hubiéramos pecado ni tú ni yo. La verdadera virtud no cae tan fácilmente.”
    ¿Acaso enamorarse de alguien es un pecado? Porque Nescit labi virtus = La virtud no se equivoca, es una afirmación temeraria y falsa. Es que podemos esforzarnos en ser virtuosos, pero siendo seres humanos, no somos el concepto de virtud. Y más encima, ¿cuál virtud? ¿actuar de acuerdo a reglas impuestas, hipócritas y caprichosas?

    Tanto el comercio de negros, que son seres humanos y por tanto, hechos a imagen y semejanza de Dios, y enamorarse de alguien definido en ciertas circunstancias como pecado, me parecen, ahora, en el año 2018, dos hipocresías heredadas de la cultura española pero universales en todas las culturas. O sea, se podía “comerciar en negros”, y si alguien se enamoraba “fuera de las reglas”, era automáticamente un pecado. Me parece muy importante y muy grave. Y “comerciar en negros”, es decir, comprar y vender a seres humanos hechos a imagen y semejanza de Dios, no era pecado.

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