A flor de piel. Número 39 de Muralidades

Fuensanta Serrano Vivero

La belleza está en la piel, algo así rezaba un antiguo eslogan publicitario, según creo recordar. En efecto, todos estamos tremendamente preocupados por el envoltorio sin atender a lo que éste contiene. Resulta irónico pensar que esta desmedida condena de la imagen va alcanzando por igual a hombres y mujeres, quienes nos sometemos, más o menos gustosamente, a una tiranía invisible que pretende imponernos un uniforme, físico y psicológico, y barrotes en el alma, no vaya a ser que nos dé por pensar y caigamos en la cuenta de lo falso que es casi todo lo que nos rodea.

¿La sociedad occidental cultiva su imagen hasta el dolor mismo de las agujas porque debajo de esa piel, que ha de ser luminosa, estirada y turgente, no hay otros valores que den sentido a la existencia? La medicina estética y la cirugía plástica suponen la huida hacia adelante de una sociedad que se niega a admitir que es, simplemente, humana y, como tal, perecedera.

Aspiramos a ser dioses, eternamente bellos, cuando la belleza es, en la mayoría de los casos, fruto de esa juventud, divino tesoro, que añoraba Rubén Darío ya en su madurez. Te fuiste para no volver, seguía lamentándose el poeta nicaragüense, quien no conocía de la existencia del bótox. La admiración de la juventud como valor en sí mismo, ensalzable y encumbrable, nos llega desde la cuna de nuestra civilización. Los clásicos fueron los primeros en reparar en la primacía de la juventud sobre la vejez. Quizá tuviera algo que ver el embrujo del Mediterráneo, sus atardeceres dorados y la poesía misteriosa de sus aguas. Así, tomar conciencia de la juventud y de su huida alada se torna, inevitablemente, en venenosa amargura, profundo y desgarrador sentimiento. Déjate arrastrar ahora, estimado alumno, por la melancolía que produce la siguiente reflexión acerca de vida y muerte recogida en los siguientes versos del poeta cartagenero Timoteo de Phazzana hace tan sólo la friolera de dos mil años:

(…)

Amor, fortuna, o derrota,

Todo es tan efímero

Como la lozanía de tu piel.

Y durará más el banco en que te sientas para escribir

Que las palabras escritas.

Con todo, convertir la belleza en el fin último, supone colgarse una argolla del cuello y del alma. ¡Dios mío, del cuello no, que dejaría marcas! Si pudiésemos volver a aprender que la edad aporta experiencia y ese conocimiento es valioso, no seríamos tan reacios a envejecer; pero desde los medios –auténticos déspotas del siglo XXI- se excluye a los raros, a los feos, a los gordos, y, por supuesto, a los viejos. Se elimina a cualquiera que no siga el arquetípico canon de belleza o triunfo social, y ¿quién impone ese canon? ¿Acaso las diosas Hera, Atenea o Afrodita? En ese caso estaría dispuesta a ponerme a régimen ya… No, no, es algo sutil, como un vapor venenoso -que diría mi querido capitán Blay-, una dominación estética de masas a la que ayudan todos un poco, o un mucho: diseñadores que no vestirán nunca la difícil ropa que confeccionan; miamicirujanos habituados a nadar en oro gracias a sus barbies de plástico a escala natural; periodistas de lentejuela a los que no les duelen las tripas por decir maldades desde una tribuna de barro; directores de cadenas de televisión que, a buen seguro, no son unos Adonis y, sin embargo, sólo se rodean de ninfas.

 

El juicio de Paris. Pedro Pablo Rubens, ca 1638-39

Todo se transforma en fachada, más o menos impuestamente hermosa. Y, ahora, pregúntate de nuevo, avispado alumno, ¿hermosura? ¿Qué hemos dado en llamar hermosura? ¿A qué extraño canon de belleza responden rostros desfigurados que son la imagen viva de una pesadilla; cuerpos que, a fuerza de ser estirados, pierden sus formas y la gracia de las mismas; seres que parecen recién desembarcados de una nave nodriza?

(Plazo de entrega de los artículos: HASTA EL 13 DE DICIEMBRE)

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Categorías: Reflexiones

Autor:Fuensanta Serrano Vivero

Profesora de 2ºF, 2ºG, 3ºA y 1ºAC. Tutora de 1ºAC.

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2 comentarios en “A flor de piel. Número 39 de Muralidades”

  1. 23 diciembre, 2010 a 11:31 #

    Se empezara a habla ahora de la estetica de lo feo o lo grotesco es decir la ausencia de la belleza clasica. Entre los temas en los que nos podemos encontrara el sentido de lo sublime son En conclusion lo pintoresco y lo sublime han sido utilizados bajo una actitud neoclasica y romantica la belleza deja de ser una categoria unica lo que propicia la apertura de posibilidades artisticas diferentes.

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